ORCAS, SUFRIMIENTO MORTAL

Seguramente a muchos os suene ya el nombre de Tilikum y Keto. Estas dos orcas se han hecho famosas hace apenas una semana con la presentación de la película Blackfish. El escándalo viene a raíz de las muertes provocadas por estos animales de sendos entrenadores/adiestradores. Los sucesos ocurrieron en EE.UU. (Sea World, Orlando) y más recientemente en España (Loro Parque, Tenerife). Evidentemente los medios, con oportunidad del estreno del film, se han hecho eco de estos fallecimientos, desconocidos para la gran mayoría.

Que se conozca en EEUU hay un proceso judicial abierto contra Sea World por este suceso y las cadenas públicas de renombre se hicieron eco de la noticia. En España, el proceso judicial fue desestimado y apenas algún medio local se atrevió a dar la noticia. Por si nuestros amigos de otras latitudes no lo saben, Loro Parque representa el motor económico de la isla de Tenerife, el cual se publicita hasta en los sitios más insospechados y atrae a miles de turistas. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

Algunos periódicos nacionales como El País, han lanzado duras críticas contra la empresa (leer aquí) ante las cuales se ha ofrecido un comunicado a modo de réplica (leer aquí) por parte de Loro Parque. En honor a la verdad, desde mi propia experiencia, Loro Parque no difiere demasiado de otros zoos o centros con animales en los que he estado. A estas alturas a nadie se le escapa que estos centros mueven muchísimo dinero y son un espectáculo más. Quizás lo más terrible sea esto, que podamos identificar como un negocio el mantener animales recluidos y olvidásemos por completo aquella idea tan de los noventa de la conservación o la investigación científica.



Sin duda alguna, estas noticias hacen un flaco favor a las orcas. Recordaré en primer lugar que los ejemplares aquí mencionados fueron cazados y sacados de sus hábitats naturales. Biológicamente hablando estamos ante un animal muy avanzado, inteligente, que mantiene lazos complejos entre sus semejantes y con un "lenguaje" propio. Por otro lado, el apodo "asesino" adjunto comúnmente a este animal es totalmente injusto. Desde la época de los romanos se temía a las orcas, a las que se les conocía como "portadoras de muerte". Sin lugar a dudas es un magnífico depredador, capaz de devorar a un tiburón, supuesto rey de los mares, pero el mal usado calificativo "asesino" sólo puede atribuírsele al ser humano, capaz de matar con crueldad a cualquier ser vivo por causas muy distintas a un proceso natural de alimentación.


La estupidez humana y la codicia en su estado más puro, nos ha llevado a pensar que un depredador de más de 5000 kilos es apto para encandilarnos y divertirnos con sus piruetas y trucos. Las orcas, que están protegidas por la legislación internacional, deberían vivir tranquilas en su medio natural, muy alejado por cierto de grandes civilizaciones. El cautiverio, el afán por la libertad que les fue arrebatada, pueden impulsar a cualquier animal no doméstico a revelarse contra aquel que lo retiene, es completamente natural y comprensible. Lo raro es que no sucedan desgracias más habitualmente y es absolutamente temerario contratar a una persona, por muy experta que sea, para que se exponga a semejante peligro.

El fin, sea el dinero, sea la conservación de la especie, no justifica los medios y menos aún cuando se juega a ser un dios con la vida de orcas y humanos.

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