QUERIDO LOBO... ¿DE DÓNDE VIENEN LOS PERROS?

Saludos amigos.Recientemente, según un estudio realizado por la Universidad de California y publicado por la prestigiosa revista Science, los primeros en domesticar lobos fueron los cazadores/recolectores europeos hace 18.000 - 32.000 años. Ha sido una ardua investigación y aunque os parezca mentira, puede ayudarnos a comprender a nuestros perros.


Una tendencia muy extendida hasta la fecha era pensar que los antepasados de humanos y perros surgieron en el continente africano. En esta ecuación africana intervenían otros cánidos salvajes como el chacal de cabeza dorada como así lo explica en sus obras uno de mis grandes ídolos, el etólogo premio Nobel Konrad Lorenz. Si los grandes avances científicos permiten precisar un origen europeo de la socialización de los cánidos salvajes, quiere decir que este acontecimiento es más antiguo de lo que se pensaba y que desde un principio fue el propio lobo el que se erigió como compañero del humano cazador, sin la intromisión de otras razas de cánidos. En cuanto a la antigüedad, no es desde mi punto de vista un dato relevante pues entiendo que para hablar de fósiles de perros domesticados estos han de encontrarse en asentamientos o cuevas donde existan a su vez restos humanos y realmente a la etología no le aporta demasiado, siempre partiendo de la premisa de que la convivencia entre especies tiene miles de años de antigüedad.


Muchas voces críticas con la concepción del perro como una evolución del lobo han perdido, a partir de esta noticia, parte de sus grandes argumentos. Si la socialización del lobo da origen, tras miles de años, al perro de hoy en día, el perro es por deducción lógica una variante del lobo. Un lobo domesticado, con tamaños, colores y morfologías tan dispares como necesidades ha tenido el hombre, que ha pasado de necesitar un rápido aliado para la caza a un guardián, un rescatador, un policía, un detector de explosivos, un exterminador de ratones y un largo etc. No es que esta afirmación sea una suposición científica sino que solamente una minúscula diferencia genética separa a estos dos animales. Hoy en día, podemos decir a todas luces que estamos ante subespecies diferentes pero la concepción del perro como especie, desligada del lobo completamente, no es algo que se sostenga.

Por otro lado, la socialización fue un proceso más sencillo de lo que pensamos. Es posible que en Europa comenzase a gestarse pero este acontecimiento fue paralelo en todo el mundo, con mayor o menor antigüedad, aunque según Science, sólo de Europa se puede decir que fuese la cuna de lo que hoy conocemos perros. Puntualizar en que punto un lobo podía dejar de llamarse lobo para llamarse perro es algo prácticamente imposible de precisar.

Cuando hablo de la primera socialización me gusta recordar la historia que Konrad Lorenz contaba a modo de cuento. Un cuento en el que alguna cría de humano primitivo acogía por compasión a algún cachorro de cánido salvaje. Es evidente que hubo un punto en el que aquellos humanos dejaron de ver a los cánidos como alimento para verles como una herramienta muy valiosa y un compañero más. Por supuesto la mutación genética que da lugar al perro es algo natural. Me gusta pensar que es algo predestinado a ocurrir, marcado en el guión de la naturaleza, donde el humano era por supuesto, un mero observador del cambio, incapaz de, mediante la ciencia, intervenir en el mismo cambio, por lo menos de manera directa. Es muy posible que la socialización unida a un cambio de alimentación, basada en una dieta proporcionada por el humano primitivo, propiciase las diferencias entre subespecies.


Desde un punto de vista conductual, el lobo es un animal muy reservado, tímido y poco sociable, todo lo contrario que un perro sano. En mi opinión, es bastante acertada la teoría científica que defiende que estas diferencias de carácter vienen propiciadas por el periodo de socialización del cachorro. Un perro se expone a humanos, gatos, aves, coches, muebles, ruidos, etc. durante el periodo crítico de socialización. En cambio un lobo agota este periodo sin exponerse a estos factores, por tanto los estímulos nuevos le generarán miedo y su relación con el entorno que le rodea será más primaria. Evidentemente no es el único factor que lo explicaría, tendríamos que volver a las ínfimas diferencias genéticas y morfológicas siendo por poner un ejemplo, el cerebro del perro más pequeño que el de sus antepasados.

Las capacidades emocionales de un perro y su relación milenaria con el hombre han conseguido que ni tan siquiera nuestro pariente más cercano, el chimpancé, puede relacionarse con nosotros al nivel que lo hace un perro. Varios experimentos científicos han demostrado que un perro es capaz de entender nuestro lenguaje no verbal, la entonación de nuestra voz e incluso las expresiones que manifestamos a través de la mirada, sin embargo, el chimpancé es incapaz de entendernos a ese nivel.

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Concluyo este análisis, que espero os resulte interesante, diciendo que si amamos a los perros, debemos respetar tanto o más a sus ancestrales antepasados, ya que ese prodigio de la naturaleza, esa historia viva, es una pieza clave para entender a nuestra mascota. Así mismo animo a todo el mundo a adoptar a un perro porque si el destino ha entendido necesaria la convivencia entre humanos y cánidos desde hace miles de años, el sentido común nos dice que, aún hoy en día y siempre, ambos, perros y humanos, necesitaremos estar juntos para realizarnos como especie y estar en sintonía con la naturaleza.

¡Un saludo salvaje!

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