GATOS A LA LUZ DE LA LUNA

Paseaba yo anoche, al amparo de la luna y la contaminación, del bullicio y el ajetreo que sólo Madrid puede darte. Un barrio humilde de posibilidades pero de un corazón grande, muy grande. Afortunadamente había algo de vegetación... para los que somos de campo ver como la naturaleza se abre paso, aunque sea a duras penas y tintada de un color negruzco... es reconfortante. El ambiente estaba calmado, como acostumbra el barrio y los guardianes de la noche vigilaban mis pasos silenciosos, cautelosos, como seres de otras épocas o realidades que habitan con el hombre. Me estoy refiriendo como ya todos sabéis a nuestro amigo el gato.

Uno, dos, tres, cuatro... si fijabas la vista en la penumbra para contar a los felinos... perdías la cuenta. Estaban gordos, bastante sanos para lo que resulta la dura vida de la calle. Reitero lo dicho, un barrio con un gran corazón.

En un rincón se producía un ritual de apareamiento. El macho muerde la nuca de la hembra para inmovilizarla mientras copula rápida y furtivamente. En poco tiempo habrá nuevos gatitos que aquella buena gente alimentará aunque suponga un tremendo esfuerzo para su economía.

Y es en este punto donde me vienen a la mente las mismas preguntas: ¿Qué pasa en este país con las campañas de esterilización, existen? ¿Realmente hay todavía gente que compra un gato en una tienda? Siempre las mismas preguntas. Así que yo de momento te invito a pasear por la noche para que compruebes por tí mismo de lo que hablo, siempre claro está, con el permiso de esos misteriosos guardianes de la noche.

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