LA LEYENDA DEL LOBO BLANCO Y EL LOBO NEGRO

Saludos amigos. Hay días en los que los estímulos adversos de la vida... tu jefe, el profesor, el vecino ruidoso, el conductor agresivo, las facturas, los suspensos, las multas, los madrugones, los cuñados etc. despiertan en uno a una bestia salvaje cuyo único afán es la destrucción del mundo en trocitos pequeños. Es complicado pensar con claridad con los ojos hinchados en sangre, babeando espuma por la boca y con el instinto asesino activo al cien por cien. A quien no le pase esto diariamente o no es humano (en cuyo caso me gustaría conocerle) o no vive en sociedad.


Por lo general, la rutina diaria en sociedad resulta una peculiar simbiosis a la que aportas, te aportan y te hinchan, que cada cuál interprete esto como crea conveniente. Es en esos momentos, cuando uno está más quemado que el cenicero de un casino es cuando me gusta acordarme de una preciosa fábula de los  antiguos nativos norteamericanos: la leyenda del lobo blanco y el lobo negro.


Este relato narra como un anciano de una tribu le explica a su nieto de donde vienen esos sentimientos que parecen estar en continua guerra en nuestro interior, una metáfora misma del bien y el mal más primigenio y que nos acompaña en la versión más primitiva de nosotros mismos.

Según el venerable anciano, todos los humanos tenemos dos lobos en nuestro interior, uno blanco, educado, bondadoso, amable, un lobo bueno que no hace daño a nadie. Pero, además tenemos un lobo negro, un animal salvaje lleno de rabia que se enfrenta contra todo y contra todos.

¿Entonces, me quedo solo con el lobo blanco y destierro al negro? Eso es lo que pretende el sistema que domina el mundo, que nos reprimamos hasta los límites de lo insano y que nuestra respuesta para todo sea blanca y agradable. Lo que esto provoca, es que si reprimimos al lobo negro y éste se esconde, en algún momento, más tarde o más temprano, saldrá hambriento de su madriguera y destrozará sin piedad al lobo blanco. Es por eso, que muchas veces vemos caso de gente que llega un día en el que "explota" en un sentido figurado, y es entonces cuando el lobo negro toma el control de la persona.


Por otro lado, tampoco podemos alimentar solo al lobo negro y desterrar al blanco, porque entonces viviríamos continuamente cabreados, enojados y en general bastante frustrados. ¿Entonces, qué hacemos? ¿Podemos ser buenas personas si tenemos un lobo negro en nuestro interior? Claro que sí, el lobo negro es tan importante como el blanco, porque de él depende nuestra astucia, carácter y valentía. El venerable chamán le dijo a su nieto que de nosotros depende alimentar a un lobo o a otro, pero que si ambos están bien alimentados y son felices, nuestra lucha interna termina, y esa paz nos permite escuchar a ambos lobos y decidir lo que es mejor en cada momento.


Tened claro que ser bueno no es ser tonto. Un tonto no hace el bien conscientemente, sino porque su falta de carácter le impide hacer otra cosa. Una buena persona es quien pudiendo desear al que nos ha ofendido que le atropelle un tren cargado de elefantes, le da un abrazo. El equilibrio es la única salida para parar nuestra guerra interior y poder así escuchar a los dos lobos al mismo tiempo.

¡Un saludo salvaje! 




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