¡Hola Cuidacanes! Hoy os vengo a hablar de los peligros del castigo físico con nuestras mascotas. El castigo físico es en términos técnicos el castigo positivo. Esto es, no debemos confundir la ausencia de un refuerzo positivo (Ejemplo: Mi perro hace una conducta que no debe, por tanto no le premio y le quito algo que le gusta) con el castigo (de tipo positivo) que será empeñar la violencia sobre la mascota.
En CUIDACAN somos TOTALMENTE CONTRARIOS AL CASTIGO sobre cualquier animal. En primer lugar el castigo físico se emplea por la humanización de los animales. Igual que le doy un azote al niño que se porta mal, le doy un golpe al perro/gato que realiza una mala conducta. Descargamos nuestra frustración emocional empleando la violencia ante un hecho que nos desagrada. La mente humana tiene infinidad de mecanismos y resortes que pueden impulsar al cerebro racional a cometer actos inadecuados, es por eso que a un niño le puedes explicar el por qué no debe hacer cosas malas y este puede comprenderlo.
En cambio, un perro o un gato siempre actuarán a favor de instinto, es decir, buscando lo mejor para ellos, pues es lo que le dice su naturaleza. Por todo lo dicho, si un perro o un gato actúan de forma inadecuada repetidas veces es porque no sabemos desviar esa conducta hacía una que nos agrade, la culpa es nuestra, tan simple como eso.
En CUIDACAN somos TOTALMENTE CONTRARIOS AL CASTIGO sobre cualquier animal. En primer lugar el castigo físico se emplea por la humanización de los animales. Igual que le doy un azote al niño que se porta mal, le doy un golpe al perro/gato que realiza una mala conducta. Descargamos nuestra frustración emocional empleando la violencia ante un hecho que nos desagrada. La mente humana tiene infinidad de mecanismos y resortes que pueden impulsar al cerebro racional a cometer actos inadecuados, es por eso que a un niño le puedes explicar el por qué no debe hacer cosas malas y este puede comprenderlo.
En cambio, un perro o un gato siempre actuarán a favor de instinto, es decir, buscando lo mejor para ellos, pues es lo que le dice su naturaleza. Por todo lo dicho, si un perro o un gato actúan de forma inadecuada repetidas veces es porque no sabemos desviar esa conducta hacía una que nos agrade, la culpa es nuestra, tan simple como eso.





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